martes, 6 de marzo de 2007

05 feb 07

Entrevista a Jorge Serguera (fragmento)

Arturo:

Me he mantenido al tanto del debate sobre el tema
Pavón/Papito/Torquesada/Congreso Nacional de Educación y Cultura ´71, asunto
del cual que imagino estés saturado.

Me comunico contigo por tres motivos: el primero es para felicitarte a tí y
al resto de los colegas que han hecho público dicho debate. El segundo es
para recordarte que tuve la suerte de entrevistar a Papito Serguera en 2001
para mi libro John Lennon en La Habana with a little help from my friend y
abordar asuntos relacionados con la prohibición de los Beatles en los medios
masivos cubanos durante los años 60 y 70, mientras el ICRT estaba bajo su
dirección.

Es un placer para mí, en medio de todos estos momentos de reflexión, poner
esa entrevista a tu disposición y de todos los que no la conocen.

Y el tercer motivo es para hacer valer que "La diferencia", un par de
semanas después de Papito, también tuvo sentado en pantalla, durante varios
interminables minutos, a nuestro querido César Portillo de la Luz, quien
aprovechó la ocasión para volver a vincular, con desagrado, muy fuera de
contexto, y como el más furibundo y fanático detractor del rock en Cuba, a
la Revolución con los hippies.

Deben recordarse sus puntos de vista en aquel programa "Diálogo abierto", de
enero de 2001, a pocas semanas de la develación de la escultura de John
Lennon, que también publiqué en mi libro y que asimismo pongo a tu
disposición.

Un abrazo,

Ernesto Juan

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PAPITO SERGUERA: ''Los Beatles no estuvieron prohibidos en Cuba''

por Ernesto Juan Castellanos

(tomado del libro John Lennon en La Habana with a little help from my
friends.

Ediciones Unión, 2005)

-Cuando me propuse entrevistarlo, mucha gente me dijo que usted nunca iba a
aceptar porque era quien había prohibido a los Beatles.


-Mira, no fui yo quien prohibió a los Beatles, y te voy a hablar de eso más
adelante.

La entonación de su respuesta me convenció de que había accedido a la
entrevista preparado para discutir sobre el tema. Eso me hizo sentir más
relajado y evaporó, por el momento, los temores que tenía en cuanto a la
tensión que podía tomar la conversación cuando llegara el momento. No se
molestó, pero tampoco me respondió de inmediato.

-Cuando yo comencé en el ICR, allí había mucho desorden, porque todo el
mundo se sentía dueño de aquello. Y al yo tomar medidas para erradicar eso,
se perjudicaron, como tú comprenderás, cientos de intereses. Y tantos
intereses perjudicados no iban a quedarse callados.

Esa contradicción, de la única manera que te la puedo explicar en una etapa
en la que tuve que acabar con los intereses predominantes y establecer
nuevas reglas de funcionamiento y organización, dio lugar a la desaparición
de los mediocres. Algunos se fueron para los Estados Unidos, otros para sus
casas y otros para otros ministerios.

-¿Y qué pasó con Silvio Rodríguez?

-Me atribuyen un incidente con Silvio, y es verdad que lo hubo. En primer
lugar, Silvio tenía un programa en la televisión que se lo di yo: Mientras
tanto. Él comenzaba y tenía calidad. Alberto Vera me había dicho que era
bueno, como mismo lo eran miles de muchachos. No vayas tú a pensar que él
era el único. Entonces lo consideré, y Moya, quien era el director de ese
espacio, vino a hablar conmigo. ''Bueno, está bien, vamos a hacer un
programa así que se llame Mientras tanto''. También había hecho algo similar
para Tata Güines, Felo Bergaza y Omara Portuondo. Lo pusimos en el Canal 2
para levantar la televidencia de ese canal. Y pegó.


''En una ocasión, Silvio hizo una apología de los Beatles en el programa, no
sé si fue porque Moya lo escribió en el guión. Y vino alguien y me lo dijo.
¡Si él estaba allí para tocar su guitarra y cantar sus canciones, ¿por qué
tenía que buscarme líos con los Beatles?! ¡Qué deje a los Beatles en paz!
Dijo algo así como que él se inspiraba en ellos. Está bien, pero allí había
una polémica muy seria, chico.


Déjame decirte lo siguiente. Yo oigo a los Beatles y los he oído toda la
vida. Ahora bien, había dirigentes nacionales que estaban en contra, no de
ellos, sino de la llamada ''música moderna'', que había cambiado los timbres
y sonoridades de cuando éramos adolescentes.

Y había otros que estaban en contra de la música cantada en inglés, porque
según ellos deformaba la ideología.

¿Tú me entiendes, verdad? Era gente con mucha autoridad. Era una presión
increíble, porque era una presión poderosa.


No obstante, yo creé Radio Cordón de La Habana, una emisora que ponía música
moderna el día entero. Luego surgió Nocturno, una idea de Ñico Hernández,
recientemente fallecido.

El programa más escuchado de música moderna en esa época era el que tenía
Chucho Herrera, Sorpresa musical, y nunca nadie lo molestó. Ni a su programa
ni a Nocturno.

Lo que más se conoce es lo que me pasó con Silvio, que dicen que además me
dedicó una canción. No sé si le puso Nube gris, Nube negra, Ojalá. una cosa
de esas. Si me dedicó una canción, ¿qué le voy a hacer? Pasaré a la historia
como el elemento en el que se inspiró Silvio Rodríguez para hacer una
canción. Yo lamento mucho que Goethe no se haya inspirado en mí, porque yo
no había nacido todavía. O Dostoievsky.

-¿Pero tanto lío por haber dado una simple opinión sobre los Beatles?

-Sí, chico. Si tú estás para cantar, no me des esos criterios. En un tema
tan candente como era en esos momentos el de la música moderna, que tú te me
bajes con una apología de los Beatles, y a través de un medio masivo, ¡y en
vivo.! Si hubiera sido un programa grabado y hubiera tenido tiempo para
corregirlo, le hubiera dicho: ''Se te fue la mano aquí''. Pero para
entonces, desafortunadamente, ya existía una enemistad personal entre Silvio
y yo.

Alfredo Guevara, por su parte, que estaba en el ICAIC, hizo un grupo
experimental de música y se llevó para allá a Leo Brouwer, a Silvio y a dos
o tres más. Y parecía el protector frente a la agresividad y violencia
cultural de Papito Serguera. No, chico, ni yo soy un violento cultural ni
nunca he violentado culturalmente a nadie. Pero además, el primer hecho
cultural en importancia de Cuba en el siglo XX es la Revolución Cubana, y su
autor es Fidel Castro. Y yo soy parte activa de esa Revolución y comandante
del Ejército Rebelde. Así que si vamos a hablar de cultura vamos a empezar
por la Revolución. ¡Y yo estaba ahí desde el inicio, no es que me haya
integrado después!

Si el problema es la reacción cultural mía, eso estaba determinado por las
normas políticas impuestas por el sistema educativo, deficiente o no, que
había recibido en la provincia en que, afortunadamente o desafortunadamente,
me tocó nacer, que es la del mambisado de Cuba.

El sentido del humor de Papito Serguera desapareció. Su tono y volumen de
voz subieron a picos preocupantes. Me incliné ligeramente hacia atrás en mi
sillón y realicé un discreto paneo visual en búsqueda de alguna salida de
emergencia. Pero su próxima oración fue más suave, por fortuna, porque noté
que los muros que rodean el patio de su casa estaban bastante altos.

-Que no me vengan con música moderna, ni antigua, ni
contemporánea -continuó-, porque yo era un pequeño burguesito que bailaba
con Frank Sinatra, Tony Bennet, Artie Shaw, Tommy Dorsey y Duke Ellington.,
que era lo que se bailaba en mi época. Lo mismo bailaba un danzón que un
son, un mambo, un rock and roll, o una conga en los carnavales. Yo no tengo
predilección por ningún timbre musical, pero respeto los gustos de las
personas. Así que no soy capaz de imponerte una música.


Creo que fue una visión equivocada del problema por parte de algunos
compañeros. Pero bien, uno también tiene que tener en cuenta eso, porque en
la política tú no andas solo.

Quiero decirte que en el problema mío de la dirección del ICRT jamás
interfirieron Fidel o Raúl. Ellos siempre respetaron mis puntos de vista,
aunque a veces me plantearan algunas preocupaciones. Entonces estaba de moda
aquella famosa cosa del diversionismo ideológico.


Ahora, si plantean el problema desde posiciones de responsabilidad, también
hay que oír mis argumentos. Pero eso nunca ha ocurrido, y aparezco yo como
culpable sin haber sido nunca juzgado.


-¿Y cuando aquello a usted le gustaban el rock and roll y la música en
inglés?

-¡Pero claro! Mira, yo vivía en Nueva York antes del triunfo de la
Revolución y oía mucho rock and roll. Ahora, te estoy diciendo que el
problema no se estaba planteando en el terreno de la música, sino de la
política. Y yo no tenía nada que ver con eso, pero tenía que responder
disciplinadamente a los problemas políticos, porque uno no es revolucionario
impunemente.

Ahora bien, ¿quieren discutir eso conmigo? ¡Pues vamos a discutirlo por la
radio, la televisión o con la pluma en la mano si es necesario! ¡Que no me
vengan con historias! Es muy fácil polemizar con alguna gente. Conmigo la
cosa es diferente, porque ideas como estas las defendí en los tribunales,
metido en veinte rollos cuando era abogado en la época de Batista, rodeado
por fusiles y armas largas, y no les tuve miedo ni a él ni a sus secuaces,
para que sepas cómo era el juego.


¡Así que cómo tú te vas a aparecer aquí con eso de los Beatles! Yo que había
hecho gárgaras con puntillas, eso para mí es hacer gárgaras con chocolate.
¿Qué es lo que pretenden: disminuirme, humillarme o desacreditarme? ¡Si
persigues alguna de las tres y quieres sancionarme históricamente, vamos
para la prensa pública y vamos a la polémica!
Abre las páginas y vamos para la calle. Y no me estoy refiriendo a la máxima
dirección de la política en Cuba, sino a aquellos que propagaron esos
rumores.


Durante nuestra conversación había notado que Serguera usaba indistintamente
la segunda persona del singular y la del plural, así que no pude deslindar
si esta vez se estaba refiriendo directamente a mí. Pero como no me
consideraba de los que propagaban aquellos rumores, porque cuando él era
director del ICRT yo era un niño feliz que disfrutaba más a los Yoyo que a
los Beatles, le pregunté:

-¿Y usted escuchaba a los Beatles mientras estaban prohibidos?

-¡Los escuchaba y los sigo escuchando! Y quien te diga que no lo hacía te
está diciendo mentiras.

Mira, yo no quería usar calificativos para no ofender, pero lo que pasó con
los Beatles y la música en inglés fue que el ICRT era un medio que estaba
monopolizado por gente de la pseudocultura.

-¿Y hasta cuándo estuvo dirigiendo ese medio pseudocultural?

-Hasta el año 73, y nunca más volví. Cuando he ido a ver a algún amigo mío
lo he visto afuera, en la acera. Además, no me interesa. Supe que los
estudios de P y 23 desaparecieron, los de Mazón y San Miguel también. Me
enteré de que habían convertido esos estudios en oficinas. ¡Es increíble! Un
estudio de televisión vale ciento y pico mil dólares y lleva una dificultad
tecnológica que tú no te puedes imaginar. Sin embargo, muy fácilmente
levantaron una pared, pusieron un buró, sacaron esto y aquello, y le
metieron un falso techo.


-¿Por qué se fue del ICRT?

-No, en política yo no me voy de ningún lugar; me van.

-Bueno, ¿por qué lo fueron?

-Me imagino que la presión de todos los intereses que dañé tiene que haber
sido muy grande, porque esas cosas no ocurren impunemente.
Pero no fue porque hubiera un error en específico.

-¿Y qué justificación le dieron para quitarlo de su puesto?

-Ninguna, pero tampoco la pedí. Solamente me dijeron que me iban a
sustituir. Yo no tengo que discutir eso. Fue una decisión política y yo soy
un hombre disciplinado. Nunca pedí una explicación porque a mí no hay que
explicarme nada. Te estoy diciendo que si entré en este juego fue porque me
lo propuse y acepto una disciplina: no puedo convertirme en un contestatario
de algo que yo acepté.


Ahora bien, no hay duda de que dirigir un medio masivo es conflictivo, no
solamente en Cuba. En cualquier lugar que tú dirijas una emisora de radio y
televisión te vas a buscar problemas. Es más fácil transar.


-Sin embargo, tengo entendido que en 1966, cuando usted comenzó a dirigir el
ICRT, ya se estaba produciendo un cambio en la política cultural y se estaba
comenzando a divulgar algo de música en inglés.


-No, eso no es verdad. Al contrario, cuando yo llegué fue todo lo contrario.
Mira, siempre se puso música en inglés, pero no había una prohibición por
escrito. Lo que había era.

Mira, chico, ¿quieres que te explique el origen del mal? El origen del mal
está en que los problemas culturales, cuando se ven impactados por la
política, conducen a errores. Ahora bien, los problemas políticos son
fundamentales antes de los culturales. ¿Y qué ocurre? La defensa de la
Revolución lleva a decisiones que son acertadas o desacertadas. Toda
decisión en la política es coyuntural. Si no, hubiera una receta para la
política como la hay para hacer un huevo frito.


¿Qué ocurrió entonces? Se estableció la práctica -porque no fue una
directiva o una resolución gubernamental- de que si un cantante se iba del
país lo prohibían en la radio. Por eso, antes que los Beatles,los primeros
prohibidos aquí fueron grandes cantantes cubanos como Orlando Vallejo, Celia
Cruz y Olga Guillot. Pero no solamente pasó con cantantes, sino también con
arreglistas formidables, que cuando se iban del país inmediatamente
prohibían todas las canciones con arreglos suyos.


La eliminación de todos esos artistas creó un vacío, porque eran gente de
calidad. Y hubo que sustituirlos con otros de muy poca calidad o por muy
poca gente de calidad. Eso provocaba una repetición, una reiteración, de
músicos como Barbarito Diez y Elena Burke. y la gente se quejaba.


Está bien, en un momento determinado, eso desempeñó un papel. ¡que se pudo
haber suprimido después! Pero esa política perduró y, sin embargo, aún no se
sabe quién es el culpable.


-¿Cómo era la política que definía qué se podía o no poner en la radio y la
televisión?

-No existía tal política en la COR (Comisión de Orientación Revolucionaria),
hoy DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria).
Esa tuve que elaborarla yo con la gente que me ayudó en la estructura del
ICRT.

-¿Y cuándo comenzó a desmembrarse esa situación?

-No lo sé. El problema es que aquello se convirtió en ley, en directiva, a
lo mejor de la COR, a lo mejor del Partido Comunista de Cuba.

Y hubo sanciones a los jóvenes, y hasta gente separada de la UJC y del PCC.
Y ello también valía para el pelo largo. Ahora, ¿por qué me van a echar a mí
la culpa del pelo largo, si no tengo nada que ver con eso, porque yo era de
los barbudos y peludos de la Sierra Maestra? ¿Por qué la van a coger
conmigo? ¿Por qué van a hacer recaer toda esa responsabilidad en Papito
Serguera?

-¡Pero en el ICR tampoco dejaban que la gente tuviera el pelo largo!


-Coño, pero si te lo estoy diciendo. A mí me llamaban: ''¡Oye, no puede
ser!'' ¿Y qué tú quieres que yo haga? Dime, ¿qué hubieras hecho tú? ¡Es
increíble! Yo entré a La Habana el 8 de enero de 1959 con un pelo largo que
me daba por aquí. Y lo mantuvimos así hasta que nos pelamos. El pelo largo y
la barba los inventamos nosotros mismos, los rebeldes. Y de pronto aquello
fue una prohibición. ¿Qué tiene que ver el pelo con la gente o con sus
ideas? ¿No te das cuenta de que la contradicción era demasiado grande? Mira,
yo tampoco perseguí homosexuales ni los mandé para las UMAP. ¿Por qué la van
a coger conmigo?


El mundo del arte y la cultura es muy complejo. Yo no creo que tenga
carácter para lidiar con eso. Nunca me imaginé lo que era el ICRT, porque si
lo hubiera sabido, jamás hubiera aceptado su dirección.


Pero te digo una cosa. Ni los Beatles, ni ningún grupo musical extranjero,
estuvieron prohibidos en Cuba en mi tiempo. ¿Qué ocurrió? Los Beatles eran,
de una manera o de otra, representantes de una música cuyas tonalidades
habían cambiado en relación con las anteriores.

Entonces, objetivamente, como ocurrió esto de Silvio, se me quiso ver a mí
como un enemigo de la llamada ''música moderna''.

Ahora bien, los rumores no hay quien los detenga. Había instituciones para
discutir eso. ¿Por qué no se va a esas instituciones de origen a pedirles
una explicación? ¿Por qué van a decir que todo eso dependió de Serguera
porque era el director del ICR? ¿Qué tengo yo que ver con eso? Vamos a
hablar de manera institucional y a oírle a cada cual sus razones.

A lo mejor vas a descubrir que yo era de los que estaba en contra de que se
tomaran esas medidas. La música moderna se consideraba diversionismo
ideológico. Y yo no inventé esa frase.

Yo consideraba que eso era un error, un absurdo, un disparate, que la música
no tiene barreras.

-Y si no estaba a favor de todo aquel absurdo, ¿por qué no trató de hacer
entrar en razón a quienes pensaban que la música en inglés y el pelo largo
eran síntomas de debilidad ideológica?

-Sí, lo hice, y aún conservo algunas cartas que escribí a altos dirigentes
de este país donde yo doy mi opinión sobre el tema.

-¿Y le respondieron?

-No. Esas cosas no se responden.


13 de abril de 2001