martes, 6 de marzo de 2007

05 ene 07

Gracias Jorge Luis. 

Me encantaría saber quién es el autor. Si su texto es anónimo, de partida, sea quien sea, me hace dudar acerca de sus verdaderas intenciones.

 Respecto a Alfredito y sus programas hay mucha tela por donde cortar. En lo personal, no me gusta en lo absoluto como cantante; en cuanto a sus programas, pueden hallarse en ellos cosas buenas y otras que no lo son. Sin embargo, son diferentes, y no precisamente por todo lo que de negativo encuentra en ellos quien "tecleó por primera vez" para pronunciarse sobre el asunto con tono de grave problema de Estado.

 Las que el autor encuentra como preguntas cursis o engorrosas, tienen para mí el mérito de obligar a respuestas no inducidas que hay que pensar bien y a la velocidad de un relámpago. Es un estilo apenas usado en nuestros medios, por cierto. Me sobran cosas de ese programa y agradezco otras; por ejemplo, la necesaria atención que hay que prestar al curso del programa, el misterio bien tramado, la buena música (al margen de él), los personajes desenterrados, como papito Serguera; el mensaje de amor, de unidad, de aprecio por el ser humano y su interrelación desde el tono íntimo. Cosas, en fin, que los cerebrudos de la otra parte del pueblo, no hacen, no proponen o no luchan.

 Si no cantara, si pudiera evitar alguna que otra frase, sería mucho mejor para mí, pero la crítica del crítico anónimo no reconoce ningún valor, sangra por alguna herida (cuál será?), es implacable. Alfredito es auténtico: él es así. O para ser auténtico hay que meterse en ciertos moldes, ser de esta manera y no de otra? Estar en esta tendencia y no en aquella?

 Alfredito, con sus canciones arrastra multitudes entre las cuales ni he estado ni voy a estar. Y eso, para el autor, es un problema ideológico, de falta de educación artística, un defecto mayor. A mí me parece algo digno de estudio.

 Canciones al margen, Alfredito es un fenómeno comunicacional. Necesitaría, eso sí, alguien que lo ayudara a despojarse de cierto lastre que a algunos o a muchos nos molesta.

 Carlos Otero, por ejemplo, que es nuestro conductor-animador por excelencia, dentro de su imprevisbilidad, es absolutamente previsible, de él puede esperarse siempre el buen chiste in situ ; y también, a veces, el desliz desafortunado, como su insistencia en poner a hablar a Pupi de la muerte del hijo.

 El resto de los conductores-animadores se mueve en el mismo formato desde la misma cuerda: la contenida Rosalía; la aniñada Rakelita; el intelectuoso Almiral; la grácil Isabelita... No digo que no sean inteligentes; digo que hacen su trabajo con mayor o menor profesionalidad sin mayores riesgos.

 En fin, en qué quedamos, apostamos por la diversidad o no? Nadie nos obliga a ver lo que no queremos ver por la tele. Su programa no es peor que otros, diría que por el contrario posee valores que no tienen otros, hechos por cierto por la ruta de la convencionalidad.

Por favor, la televisión tiene leyes, códigos, y bien pensado el margen para la innovación y la experimentación en este tipo de programas (de entrevista y música) es muy muy estrecho. 

Estas son unas líneas  apresuradas. El tema merece atención, confrontación. Yo preferiría ponderar los aciertos y desaciertos de La diferencia, que es lo sensato.

 Alfredito me provoca muchas preguntas y unos enormes deseos de conocerlo, de hablar con él, y de decirle muy sinceramente lo que pienso que le sobra, lo que me parece que le falta, porque advierto en él madera en materia de comunicación y un

afán de hacer algo diferente, que no logro apreciar en la mayor parte de los programas y sus conductores.

 La verdad es que los demás me pueden producir más o menos respeto, pero ninguno me incita a acercarme, a decirle, a sugerirle, pues aquellos están metidos ya en su molde. Esa es su autenticidad, esa es su profesionalidad. Este, en cambio, tiene para mí una cualidad innata de comunicador, de buscador e incluso de flexibilidad.  En otras palabras, se arriesga. Y no puedo pensar que todo ese andamiaje obedezca a la sugerida necesidad de autobombo.

 Me gustaría saber qué piensas tú? Qué piensan todas esas personas inteligentes a quien les ha llegado la crítica del autor anónimo. Pero parece que me voy a quedar con las ganas, al menos del resto, porque espero que me digas tu opinión cuando nos veamos. Sé que tienes cosas más importantes que hacer ahora, y me alegro mucho de que así sea porque es consecuencia de lo mismo: El Benny.

 Nos vemos.

 Un abrazo,

Lourdes Pasalodos

05 ene 07

Parece que la crítica (más bien burla) al cantante, devenido conductor de programas televisivos, Alfredito Rodríguez se ha convertido en un deporte favorito dentro de nuestra vida cultural. En familia con Alfredo, programa televisivo que mantuvo durante todo un verano hace par de años, fue motivo de escarnio al punto de que la dirección de la televisión cubana terminó por retirarlo del aire. En aquella ocasión se aducían

elementos muy parecidos a los que ahora, mientras regresa a las pantallas con una nueva propuesta (titulada "La diferencia"), son achacados a la misma persona. Podemos empezar estando de acuerdo en que nada en esta historia es común: ni el hecho de que "Alfredito" haya "regresado", ni que los directivos de la televisión cubana aceptaran tal cosa, ni que los argumentos del rechazo sean prácticamente los mismos, ni que las críticas establezcan una tan cómoda relación entre la cualidad sub-cultural de un producto televisivo y una fractura ideológica, ni siquiera el modo en el cual las críticas (ya he recibido dos de ellas) circulan estas vez, mediante mensajes anónimos enviados a buzones de correo electrónico.

             Hace unos meses, en un artículo aparecido en la publicación La Gaceta de Cuba, el narrador cubano Arturo Arango se quejaba de la falta de transparencia que provocaba en una cultura la introducción de esta nueva práctica. Donde el secreto pretendía distribuir documentos para hacer colapsar un sistema (por ejemplo, en el samizdat del período soviético), el secreto de ahora no hace sino reproducir, llevar a la práctica, los postulados del discurso oficial acerca de lo que debe o no ser la cultura que consuma un cubano de hoy. Por este camino, el articulista del primero de los textos (recibido en mi buzón el 16 de diciembre de 2006) hace una hábil maniobra retórica al especular del siguiente modo con las ideas de "cultura" y "pueblo":

 "Espacio polémico que revivió la tan vieja y, a mi juicio, pequeño burguesa idea de que los medios difunden lo que al "pueblo" le gusta y solicita. Aquella vez me asusté pensando "¡Uy! me dejaron fuera del pueblo".

             Vale la pena pensar nuevamente esta cita contra el telón de fondo de un hecho que sirva como contraste: tanto En familia con Alfredo como La diferencia (o sea, antes y ahora) ascendieron al lugar de los más solicitados por el público, según las investigaciones que hace la televisión cubana. Con este único y obstinado elemento podemos suponer entonces que el indignado crítico de la cita revierte la sorpresa anterior (ser dejado "fuera del pueblo") para ser quien aprovecha ahora para dejar él al "pueblo" fuera. Dicho de otro modo, ¿qué hacemos con las estadísticas, con esa cantidad de seres humanos que hicieron de "Alfredito" uno de sus favoritos? (podemos estimar que no se trata de una cantidad despreciable si está entre lo más pedido de la semana) Dado que hablamos de un conjunto humano que, pese a las burlas y críticas anteriores, dos años más tarde vuelve a caer en idéntica falta, ¿los tenemos que reeducar y explicarles los motivos por los cuales lo que consumen es sub-cultura? ¿no sería más cómodo si fueran los mismos quienes no cumplen sus metas y, además, disfrutan con "Alfredito"? ¿qué tal si ocurre algo contrario, son excelentes trabajadores, padres y esposos amantes, compañeros sacrificados, vecinos amabilísimos que, junto con ello, pasan un buen rato con las propuestas de "Alfredito"? ¿Y si responde que no les importa, que se entretienen y ya, los sancionamos? ¿Cuál es el límite y la consecuencia de involucrar, o apelar, al pueblo en el análisis crítico de un determinado producto cultural? ¿No será que los medios difunden una amplia gama de propuestas que balancean interés y contenido e intentan llegar a los más diversos estratos culturales de un país? ¿Habrá algo que aprender no sólo del mismo "Alredito", sino también de sus obstinados seguidores? ¿Quiénes son, qué quieren, por qué insisten en querer exactamente eso? ¿O será que eso tiene algo para lo cual es ciega una crítica simple?

 Es difícil separar las partes de una maniobra retórica, exponer el armado de la máquina verbal y fijar el punto donde pueden ser hechas preguntas que nos enseñen que quien habla es sólo una voz humana y no un supra-dicurso que se presenta a sí

misma como palabra científica de una verdad previamente demostrada. A este respecto, es adecuado citar la siguiente larga cadena de falacias discursivas y seudo-proposiciones en el contexto

de lo que estamos abordando: un episodio cultural en la historia de la televisión cubana:  "Nos vanagloriamos, con cierta razón, de tener una televisión diferente al resto del universo (respetando a los extraterrestres). Es justamente por eso que no entiendo una telenovela que intenta educar al televidente sobre los peligros de la promiscuidad sexual poniendo a los homosexuales a destruir familias estables, felices y con hijos contagiándolos con el SIDA y, en cambio no hay un solo programa, reportaje o mención al mundo de los Travestis en Santa Clara o sobre las lesbianas en el ejército .

Tenemos un concepto de variedad también bastante diferente al resto del universo .

 El asunto es que regresa Alfredito, como lo aclama "el pueblo" integrado por las amas de casas subyugadas por una cultura machista y nuestras abuelas tejedoras de un pasado que se descose por las puntas. Parece ser que en el pueblo no hay solo muchos Camilos sino, además, muchos pueblos."

 ¿Quién es el "nosotros" que se vanagloria de tener una televisión "diferente al resto del universo"? ¿En qué radica la diferencia de esta televisión y qué elementos lo avalan? ¿Qué cosa es el "resto del universo", qué países lo integran, qué estaciones de televisión, cómo pudo el articulista comprobarlo (viaja sin descanso, recibe los programas, se lo contó alguien? ¿Cuál es el motivo del orgullo: la mera diferencia o la calidad? ¿está acaso sugiriendo el articulista que la televisión cubana es la de mayor calidad en el mundo? ¿Qué podemos entender por "televisión cubana", la que se produce en Cuba (en cuyo caso, la sugerencia del articulista suena como un chiste más macabro que las velas en el programa de "Alfredito") o la que se transmite en los canales cubanos (en cuyo caso, ¿cómo entender la paradoja de que, en una cantidad enorme, no esté producida en Cuba, sino en ese resto del mundo por encima del cual deberíamos de estar?) ¿De qué se vanagloria quien, en la siguiente oración, expone tres rápidas razones para no sentir vanagloria alguna? (y que podían ser muchas, muchas más) Tal vez, una pregunta que pueda aclarar esto: ¿de qué programa de la televisión cubana tengo, si quiero ser parte del "nosotros" del estamento superior en la comprensión, que vanagloriarme? ¿De dónde sale la idea infantil (aunque cómoda) de que los seguidores del nuevo programa de "Alfredito" son "el pueblo" integrado por las amas de casas subyugadas por una cultura machista y nuestras abuelas tejedoras de un pasado que se descose por las puntas"? ¿Quien escribe este artículo ni siquiera se da cuenta de lo extraordinariamente paternalista y ofensivo que es su profundo machismo, incluso de la rara fantasía retrógrada que vive: dónde están hoy, en Cuba, esas "amas de casas subyugadas" y qué número suman? ¿Por qué supone que la mujer es penetrable, débil, abierta a cualquier tipo de influencia? ¿Por qué, cuando se trata de criticar a "Alfredito" el articulista invoca una pluralidad defendible ( en el pueblo no hay solo muchos Camilos sino, además, muchos pueblos.) y más adelanta, al

enarbolar tesis, resulta que la supuesta pluralidad defendida no consigue ir más allá de una confrontación maniquea con resonancias místicas (" Me pregunto si alguien va a dar una explicación al "otro" pueblo. Al pueblo que cuestiona, al que piensa".) ¿Es que se divide en dos sub-conjuntos el "pueblo", en sólo dos, como en la batalla entre el Bien y el Mal?

             En las palabras finales del texto, ya no se trata de elaborar la crítica de un producto cultural y ni siquiera del "pueblo" al cual hay que cuidar, sino de la convocatoria a una guerra mayor que abarca a la nación toda y salta por encima del tiempo; por tal razón (y esta es la clave del texto) la interpelación a "alguien" (que, en rigor, no puede ser otro que la dirección de la televisión cubana) explique la existencia de "este extraño caso que se eleva por sobre los esfuerzos de esta nación por ser cultos y profundos"). Una convocatoria a la cual sigue, como en cualquier otro caso histórico que ejemplifique el proceso de inculcar miedos colectivos, la idea de que una parte ínfima de la comunidad (¿acaso no es el mismo articulista quien asegura que es ínfima?) puede corroer y destruir a la mayoría restante: "Si hoy sembramos pinochos tontos mañana tendremos, en vez de pueblo, una horda de burros dóciles".

            Para colmo, en un alarde de incoherencia, la pregunta que da continuidad al texto ("¿Quién otorga estos espacios infinitos?) contradice por entero la idea inicial de una televisión que nos vanagloria, en tanto la que sigue ("¿Quien niega otros espacios necesarios?") introduce un silencio inquietante sobre cualquiera otro momento de la programación televisiva cubana factible de democión. La frase combativa "queremos más respuestas y menos demagogia", ¿se refiere unicamente al programa de "Alfredito"? Dado que ya es superior, ¿la desaparición de dicho programa, hará que nuestra TV sea perfecta?

Dice el articulista, que nos regresa como en cinta de Moebius al mismo camino sin salida: "Esta no es diferencia, es lo común, es lo repetido, es la norma imperial universal. Gritada a voces y, lamentablemente, seguida a coro en el mismo corazón de nuestra utopía de ser mejores." A la norma imperial universal (sin tomar en cuenta los muchísimos casos de programas televisivos que, en ese mismo universo, alcanzan altísima calidad -con lo cual estarían, de hecho, enfrentando dicha norma) se supone que oponemos, según el nosotros del articulista, una norma nuestra, cubana, resistente y única, pero ¿dónde falla o, mejor aún, por qué casi siempre falla? (si no, qué sentido tiene entonces el favoritismo del público o "pueblo" por telenovelas, películas, musicales, documentales históricos o científicos, de factura extranjera). ¿Para qué sirven, a los críticos, las estadísticas? ¿Qué hacer con el coro que, al fin, el articulista reconoce como una magnitud significativa? ¿Qué hacer, después de tanto, con la crítica?

             Aún así, pese a lo señalable, uno extraña la pasión de este artículo y desearía verla, en un primer paso, aplicada -pues el articulista parece conocer cosas que el resto desconocemos- "al mundo de los Travestis en Santa Clara o sobre las lesbianas en el ejército". En un segundo, si el texto fuera decidido no publicarlo (¿quién sabe si por la misma y profundísima motivación no corromper al "pueblo"?) aplicada la energía a quienes deciden hacer pública o no determinada evaluación crítica. Dicho de otro modo, hay algo demasiado elemental y gratificador en emprenderla contra un único programa televisivo (a fin de cuentas, una sencilla hora dentro de más de 200 horas de transmisión semanales) dejando intactos monumentos del encartonamiento como el Noticiero Estelar de la propia televisión, seudo-debates como los de la Mesa Redonda, lenguajes audiovisuales superados como las aburridas lecciones de historia que conduce Eduardo Torres Cuevas o el muy pedante "Encuentro con Clío", apropiaciones burguesas como la recién llegada noción de "músicas del mundo",

noticiarios "filtrados" hasta la lástima, fantasías de autoafirmación como el reciente "Trás la huella" o la serie de los "Día y noche". Si a ello agregamos la desaparición de practicamente todo debate (ni siquiera "escenificado" y "controlado") de la pantalla y el casi absoluto silencio sobre problemas de la vida nacional (sean estos cuales sean), es más que turbio el cristal a cuyo través mirar el paisaje que nos vanaglorie por ser distintos al resto del universo.

             ¿Significa lo dicho que me interesan, en lo personal, los programas de "Alfredito"? No. Además de parecerme de escasa relevancia su trayectoria como cantante, creo que su estilo de conductor televisivo es auténtica y extraordinariamente kitsch, que su inclinación a la sensiblería no pocas veces ronda el ridículo y que propone una versión (nacionalista y patriótica, eso sí) de la "cultura del corazón" (cuyos marcos y posibilidades, dentro de un mundo como el cubano, vale la pena discutir). Sin embargo, no olvido que -junto a los dislates- brindó una serie de homenajes a figuras del panteón nacional que a nadie más se le habían ocurrido, que sus invitados daban la impresión de disfrutar la ocasión, que en oposición a la broma fácil y la falsa camaradería propuso un estilo basado en el respeto y la formalidad (tan degradada es nuestra vida que el hecho de usar camisas de manga larga es ya signo de distinción y él, cuando En familia con Alfredo, vestía un traje que simbólicamente se sacaba al final de cada programa), que demostró saber manejar a un profesional equipo de producción que se ocupaba de reunir información-sorpresa sobre los invitados.

             ¿Defiendo a "Alfredito"? ¿Me opongo a "Alfredito"? Más allá de ello, hay que intentar una lectura de la televisión que parte del axioma de que la televisión no es el cine y que, por tanto, necesita encontrar sus propias coordenadas y categorías que definan la comunidad y delimiten especificidades. Entender que el análisis de un programa televisivo sólo tiene sentido si se toman en cuenta cuestiones como el horario y frecuencia de la transmisión, el día, la audiencia supuesta, la audiencia real, las estadísticas, el canal que transmite y sus características, entre otros factores. En fin, una crítica profesional e informada, científica y no sobreideologizada, madura y no temperamental, honesta y sin exclusivismos, sin didactismo ni rabias, dispuesta a revisar sus presupuestos de partida para alcanzar lo único que vale en esta profesión: ser útil a todos.

 

Victor Fowler Calzada

Departamento de Publicaciones

Escuela Internacional de Cine y Televisión

Finca San Tranquilino, Carretera a Vereda, Kilómetro 4.5

San Antonio de los Baños, Habana, CUBA

Al cabo de 35 años de Criterios, una aclaración necesaria a instancias pertinentes y algunos amigos locales

Sent: Thursday, September 21, 2006 5:33 AM
Al cabo de 35 años de Criterios, una aclaración necesaria a instancias pertinentes y amigos locales.
 
Estimados compañeros y amigos:
 
Puesto que mis reiteradas cartas y llamadas a las instancias correspondientes no son respondidas en modo alguno desde hace meses, me veo obligado a exponer la  situación presente de Criterios a fin de prevenir cualquier malentendido o manipulación.
 
Como es sabido, desde hace años Criterios no recibe financiamiento estatal para sus ediciones y eventos teórico-culturales (la revista, interrumpida nuevamente desde 1994,  pudo reanudar su existencia en el 2002 sólo gracias a las sucesivas becas que me ha concedido la Fundación Príncipe Claus de Holanda). Desde hace tres meses también se le ha prohibido a Criterios seguir recibiendo para sus ediciones y eventos donaciones de instituciones culturales estatales europeas, que, como es bien sabido, son las únicas que tienen y destinan dinero suficiente para financiar iniciativas culturales en los dominios del pensamiento atendidos por Criterios (al Centro Criterios, sin siquiera sillas, mesas ni estantes para su sala de conferencias y biblioteca desde su apertura hace tres años, se le ha prohibido aceptar un donativo estatal alemán de 5'000 CUC para la compra de éstos en Cuba) [Cf. mi posición al respecto en texto adjunto al final].  Años atrás se me informó que todas las reservas de los números de Criterios hasta el nº 30  "fueron robadas de una vez" del almacén de la Casa de las Américas, y, años después, se me informó que prácticamente casi todos los ejemplares --varios miles-- de los nº 31 y 32 y las antologías de Pavis e Intertextualité "habían sido destruidos, tiempo atrás, por una inundación" en el almacén de la UNEAC, en 17 y H. Más allá del prolongado silenciamiento mediático de sus ediciones y actividades, de la no concesión de un ISBN, y de muchos otros obstáculos, exclusiones y humillaciones, también se le podría prohibir ahora a Criterios su ya reducida actividad de autofinanciamiento, y, para concluir la estrangulación económica, ya sólo quedaría prohibirme seguir manteniendo a Criterios con mis solas becas, premios e ingresos, con los que se han venido pagando, en su totalidad, desde las costosas fuentes bibliográficas de la revista y la colección de antologías durante 35 años hasta los sucesivos equipos electrónicos con que se hacen desde 1991, del mismo modo que sólo el  financiamiento otorgado por ministerios de Cultura y Relaciones Exteriores, academias de ciencia, uniones de escritores, organismos internacionales, fundaciones y universidades siempre de otros países me ha venido permitiendo --desde que en 1976 se dejó de negarme el permiso de salida del país para cumplimentar invitaciones-- adquirir, con unas sesenta estancias y becas en el extranjero, los conocimientos y recursos en las múltiples disciplinas e idiomas que son imprescindibles para hacer que Criterios sea lo que es.
Quiero que quede claro de una vez por todas: descuidando mi propia obra investigativa y crítica, así como las condiciones de existencia cotidiana mías y de mi familia, he dedicado más de 35 años de vida a abrirles horizontes del pensamiento teórico mundial a mis compatriotas, porque, en mi concepción del socialismo, creo que tienen derecho a conocer por lo menos lo mejor, lo más importante o lo más influyente de lo que pasa en el pensamiento cultural más allá de las costas de nuestra isla;  derecho a ser revolucionarios o socialistas o marxistas no por ignorancia, por forzoso desconocimiento de todo lo demás, sino, como yo, justamente por el máximo conocimiento posible de lo que ocurre en el pensamiento en escala mundial.
Sólo cubanólogos ingenuos o complacientes han planteado que en los 70 el problema eran los homosexuales, los vanguardistas, los "extranjerizantes", los negros supuestamente revanchistas, los religiosos, etc., percibidos como fenómenos contrarios al comunismo. La cuestión era el pensamiento de algunos de ellos,  si  no era el Único y era crítico, aunque no fuera anticomunista, e incluso aunque fuera comunista, como era mi caso.  Por eso, dadas las variables correlaciones de fuerza posteriores, los 70 han terminado para muchos, pero nunca del todo para CriterioS y Desiderio, como demuestra más de un bien intencionado gesto de rectificación --como, por ejemplo, la sede para Criterios-- neutralizado, paralizado,  truncado o incluso revertido. Pero la cultura es lo que queda cuando los Pavones pasan. Ser Pavón o Quesada u Osvaldo Navarro no era una identidad personal, sino una función político-cultural, una función cumplible ayer y hoy bajo otros nombres por muchas personas, a distintos niveles y de muchas maneras. Como bien describió Maiakovski en su poesía a ese personaje ya en la naciente URSS postleniniana: "--Usted y yo, / dice él, / no tenemos por qué pensar, / si piensan los líderes.--", y su función es lograr, garantizar, que así sea. A los nuevos y viejos Pavones de hoy --animados por una situación internacional que creen que los favorece nuevamente también a ellos y les desata las manos, y, al propio tiempo, preparados para reciclarse postcomunistamente como sus homólogos cancerberos de la nomenklatura euroriental-- sólo puedo decirles que, con lo que me quede de vida,  con Centro o sin Centro, Criterios es y será,  en papel o en kylobytes circulantes de mano en mano, copiados de aquí, allá o acullá, una ventana abierta al pensamiento cultural mundial para todos mis compatriotas.
 
 
Desiderio Navarro
Criterios
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*    Sobre culturas, Estados, naciones y donaciones
 
Con gran placer pude ver en la TV Cubana tomas del acto en que el Co. Abel Prieto, Ministro de Cultura, junto a Yousef Mamad Al-Darwish, vicepresidente del Consejo Nacional para la Cultura, Arte y Patrimonio de Qatar, inauguró una jornada de la cultura qatarí en Cuba. Es conocido cuánto he insistido en Criterios y en eventos nacionales en favor de la divulgación local de, entre otras culturas no euro-norteamericanas,  la cultura árabe tradicional y moderna, desde la popular música rai magrebí hasta profundos pensadores sociales como los que empecé a publicar en Criterios 33, predicando con el ejemplo. Pero, más aún que esa pequeña contribución a la neutralización del yanquicentrismo de tantos programadores mediáticos y turísticos cubanos, me agradó ver cómo se supo distinguir claramente entre la cultura qatarí y el gobierno de Qatar, que, junto a los de Israel y Arabia Saudita, es el principal aliado y lacayo de Bush en el Medio Oriente, y que, desarrollando su llamado "Diálogo Estratégico" con Washington, accedió a que, desde el Comando Central de Estados Unidos en la propia capital Doha y las bases yanquis de Al Udeid, Umm Said, Camp As Sayliyah, Camp Snoopy, Falcon-78 y Al-Salnah en territorio qatarí, la Fuerza Áerea y tropas yanquis pudieran bombardear y ocupar criminalmente Afganistán e Iraq, como vienen haciendo hasta la fecha..
 
En efecto, ni la cultura qatarí o la española o la alemana, ni los fondos estatales qataríes, españoles o alemanes para su promoción en el extranjero, pertenecieron  ni pertenecen al emir Al-Thani, al PP ayer, a la Sra. Merkel hoy, o a cualquier otra persona o partido de turno en el gobierno, sino, en principio, al pueblo y nación qataríes, españoles o alemanes, y la tarea de promover la cultura nacional en el extranjero es una tarea que tal o cual persona o partido(s) gobernante(s) tiene que asumir como una responsabilidad más de gobierno ante la nación, una tarea que esa persona o partido puede realizar bien o mal, o sea, en mayor o menor medida en función de estrechos intereses personales o partidistas y en detrimento de los valores culturales nacionales. Otra actitud significaría reconocer simbólicamente, por ejemplo, al PP ayer o al PSOE hoy como EL legítimo heredero y custodio de la cultura española --en otras palabras, regalarle toda la cultura española, algo que la mayor parte de los propios españoles no harían. Por eso no se deben confundir en bloque las instituciones culturales estatales de la nación con tanques pensantes del partido gobernante de turno, por más que ese partido quiera convertir las primeras en tales tanques. Porque --y este es otro aspecto del problema-- las instituciones culturales estatales en los países europeos y otros no-europeos no necesariamente coinciden con la política cultural trazada a nivel central: a menudo  hay divergencias y choques no sólo entre instituciones culturales y el nivel central de ministerios de cultura, sino que también las hay, por arriba, entre ministerios de cultura y presidentes o primeros ministros o gabinetes,  y, por abajo, entre departamentos de instituciones culturales y  el nivel central de éstas; y a menudo en el gobierno no hay un solo partido, sino coaliciones de varios con divergencias político-culturales, y con frecuencia dentro de un partido no hay una sola línea, sino varias fracciones o alas con posiciones de extremos y centro. Lamentablemente, al juzgar cuestiones de política cultural extranjera, algunos compañeros cubanos --a veces por limitaciones culturales en su conocimiento del mundo exterior-- proyectan erróneamente sobre la estructura político-administrativa de otros países el carácter monolítico, allí inexistente, del  conjunto de nuestra organización política. Allí el grado de distanciamiento y autonomía de las instituciones culturales estatales a veces es tan alto --sobre todo gracias al capital simbólico y autoridad acumulados con su trabajo y prestigio en la historia-- que, en caso de divergencias, el Estado lo único que puede hacer es tratar de obstaculizar indirectamente el trabajo de esa institución y tomar represalias --por ejemplo, reduciendo el presupuesto de ésta.
 
Lamentablemente, algunos compañeros --a veces también por limitaciones culturales análogas--  ven intenciones subversivas políticas tras toda entrega de fondos extranjeros para iniciativas culturales. No saben o no pueden creer que un Estado puede dar ayuda económica a la cultura de otro sin pretender obtener cambios políticos en el país que lo recibe. No saben, o no quieren saber, que, por ejemplo, el gobierno alemán invierte decenas, cientos de veces más fondos en promover la divulgación de la cultura alemana en Francia o en Estados Unidos que en Cuba, y eso no quiere decir que esté haciendo un esfuerzo diez, cien veces mayor por derrocar al gobierno de Francia o Estados Unidos. Quiere decir que le importa mantener la presencia y prestigio de la cultura alemana en esos países. Porque ésa es una tarea cultural estatal que en los tiempos modernos todo gobierno tiene que asumir ante la nación.
 
¿Quiere eso decir que no existe la ayuda con segundas --o primeras-- intenciones políticas? No sólo existe, sino que es utilizada con frecuencia por algunos países en ciertas situaciones. Pero se la reconoce fácilmente, porque es una ayuda de contenido dictado o condicionado: "le damos este dinero para que publique este determinado texto o autor o sobre este determinado tema o con esta determinada orientación política, o para que publique textos o autores de nuestro país si cumple la condición de incluir, o excluir, este determinado texto o autor o tema."
 
Como es sabido, en el 2000 recibí una beca de la Fundación del Príncipe Claus de Holanda para continuar Criterios con la edición de los números 33 y 34. Entre los más de 350 trabajos traducidos ya publicados por Criterios, en ese momento había de autores de más de 20 países, pero ni uno solo de un teórico holandés, a pesar de que Holanda tiene figuras de fama mundial como Mieke Bal, Saskia Sassen, Teun Van Dijk y Jan Neederven Pieterse. Sin embargo, la Fundación del Príncipe Claus ni me exigió, ni me sugirió la publicación de ningún autor holandés, ni de ningún determinado autor en absoluto. Y en los números 33 y 34 financiados por ella no incluí ningún autor holandés. Y, a pesar de eso y a pesar de que ambos números, más que cualquier otro anterior, rebosan de textos y autores de izquierda --de Jameson a Cornel West, de Bourdieu a Wang Fengzhen--, a fines del pasado año me concedieron nuevamente una beca para continuar Criterios por dos números, y nuevamente no me pusieron condición alguna relativa al contenido de los números.
 
En lo que es ya algo anecdótico en casi medio siglo de vida cultural cubana revolucionaria, al cabo de tres años de cuasi-existencia, el Centro Teórico-Cultural Criterios no ha recibido ni una silla para sus oficinas y salas de conferencias ni un estante para su biblioteca. ¿Por qué no podría aceptar el financiamiento que el Instituto Goethe me ofrece exclusivamente para dotarme de sillas, mesas y estantes? ¿Qué efectos políticos nocivos ejercerían esos muebles sobre públicos oyentes y lectores? E pasado año fui invitado a la sede del Instituto Goethe en Munich; como siempre hago en el extranjero, expuse la necesidad de recibir información teórica actual y la imposibilidad de pagar los altísimos precios de libros y revistas académicos hoy en día, entre ellos los alemanes. ¿Cuál fue la respuesta? ¿"--Nosotros vamos a escoger y le vamos a enviar"? No: "--Por favor, haga usted la lista de libros y revistas que usted necesita y envíenosla."
 
Espero que, al igual que en el caso de la cultura qatarí y el actual gobierno de Qatar, también se sepa distinguir entre la cultura polaca y su actual gobierno, y entre éste y el Instituto del Libro de Polonia; entre la cultura alemana y su actual gobierno, y entre éste y el Instituto Goethe; entre el gobierno holandés y la Fundación del Príncipe Claus para la Cultura y el Desarrollo, y así sucesivamente en el futuro de Criterios, cuya antología de textos finlandeses de estética ecológica, por ejemplo, requerirá de la ayuda financiera de instituciones estatales finesas.
 
No parece de buena fe la afirmación de que no hay por qué preocuparse pues no se prohíbe la aceptación de ayuda de instituciones y asociaciones privadas europeas. Y es que cualquiera sabe que en buena parte de Europa --sobre todo la central y oriental-- el mecenazgo del sector privado, si apenas da para la creación intelectual local, mucho menos da para la promoción de esa creación en un pequeño país del llamado Tercer Mundo, y que, lamentablemente, donde ese mecenazgo privado es más fuerte, se interesa por lo espectacular que tiene recepción masiva o por lo que tiene un aura charmante de nobleza elitista, pero no por el austero pensamiento teórico (por ejemplo, en tres años el co. Omar González no ha podido conseguir de la generosa ArciNova una sola lira para financiar la tan necesaria antología del pensamiento italiano actual sobre el cine, con la  que Criterios en colaboración con el ICAIC continuaría aquellas valiosas publicaciones de Baldelli, Barbaro et al. que hizo el co. Alfredo Guevara en los 60).
 
Sigo considerando --como formulé tiempo atrás en la reunión del Museo de Bellas Artes con el Co. Pérez Roque-- que, si alguna institución cultural estatal europea hace caso omiso de la política de su gobierno y abre un boquete en el bloqueo, nuestra tarea como intelectuales cubanos no es convertirnos en los diligentes albañiles del autobloqueo, sino, todo lo contrario, demostrarle al mundo que nosotros sí somos capaces de separar los auténticos valores culturales de las variables coyunturas políticas cotidianas, que nosotros no tomamos a la cultura como rehén en los conflictos políticos, y que no confundimos las culturas nacionales, las instituciones culturales estatales y los partidos gobernantes de turno.
 
Todos los países de América Latina necesitan publicaciones teóricas con las características de las ediciones de Criterios, pero, por más de una razón, Cuba mucho más que ningún otro. Al cabo de 35 años de lucha solitaria por la existencia de Criterios en Cuba, espero que para todo el mundo resulte claro que si trasladara la labor editorial de Criterios a otro país es porque habría sido obligado a ello y no por los ahora socorridos motivos económicos personales o por desinterés respecto a la situación de aislamiento e indigencia informacionales que padece la mayoría de mis compatriotas en las múltiples  esferas del pensamiento teórico sobre la literatura, las artes y la cultura.

Amir Valle


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> Y YA LLEGÓ EL ASUNTO A LA OTRA ORILLA
> Escribe creo que a Desiderio:
>
> En octubre del 2005 dije en la Feria de Frankfurt que desde hacía un par de
> años la intelectualidad cubana estaba observando un regreso sigiloso a los
> tristes años grises (que no fueron un quinquenio, bien se sabe ya). Un
> periodista preguntó: ¿y qué han hecho los intelectuales? Me hice un jubo
> para
> no responder esa pregunta porque la realidad arrastra hacia ese silencio al
> que se refiere Desiderio y que, en unos casos, es puro conformismo; en
> otros,
> puro miedo; y en unos cuantos, oportunismo de la peor clase y hasta
> complicidad. Hoy, por desgracia, y bien lo sabemos todos, hay unos cuantos
> Pavones operando en la cultura nacional.
>
> Ojalá, como bien dice Arturo, este escándalillo trascienda, haga reflexionar
> y
> plantee un espacio abierto (y libre, sobre todo) donde se puedan esclarecer
> muchas cosas que han sucedido en nuestra Cultura (especialmente en la última
> década), cosas que, por cierto, no han tenido ni siquiera la debida
> reflexión
> intelectual por quienes debíamos hacerlo (y otra vez la reflexión y la
> crítica, cuando tuvo lugar, se hizo desde la sombra).
>
> Espero que allí, en ese debate, dejemos de usar eufemismos, palabritas
> bonitas
> y frasecillas intelectualoides que complican la necesaria claridad y
> aprendamos a llamar a las cosas por su nombre. Muchas pruebas hay ya de que
> los llamados "errores" no fueron tales, pues respondieron a una estrategia
> de
> poder bien trazada para mantener a raya a una intelectualidad que, espero
> recordemos todos, tuvo un papel esencial en los más importantes movimientos
> revolucionarios del siglo XX y desde 1959 (a cocotazos) fue perdiendo su
> real
> protagonismo, incluso, a nivel de generación de un pensamiento social
> independiente y plural. Como espero llegue el momento de que no se intente
> librar de culpa, "pasar la mano", o "echar agua al dominó" a quien haya sido
> culpable de aquellos desastres y de muchos que se han cometido (y aún se
> cometen), y esa culpa, lo dejo bien claro, empieza en Fidel y llega hasta
> esos muchos Pavones que hoy conocemos. Eso, entre otras muchas razones que
> deben dilucidarse, hablando claro y sin medias tintas.
>
> Amir Valle

PEDRO PÉREZ SARDUY desde Londres

>
>
> Querido Desidero. Un abrazo por la valentia y brillantez de la cual has
> hecho
> gala nuevamente. Apoyo tu mensaje, incondicionalmente 100% , pues yo fui
> uno
> de los que sufrió las consecuencias de ese período y del antes, pues fui
> empleado del Consejo Provincial de Cultura, en Sta. Clara, mi ciudad
> natal,
> luego de haberme graduado en el primer curso de instructores de arte en el
> Hotel Habana Libre, en 1962 -Curso de Asesores Litearios. Luego me fui
> para
> La Habana.
> Me alegro, pues, de que hayas salido al paso por lo que pueda venir.
> Saludos desde Londres.
>
> Pedro Perez Sarduy
>

Por Raúl Tápanes López

Amir Valle y las claves del debate


Una polémica nunca antes vista -desde que en sus reuniones con los intelectuales en 1961 Fidel Castro pronunciara la ambivalente frase "Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada" y Virglio Piñera, ante el desarrollo de esos sucesos confesara: "Tengo miedo..."-, se está desarrollando en Cuba.

Un grupo creciente de escritores y artistas han criticado públicamente la reaparición en la televisión nacional de antiguos funcionarios que ejecutaron una política cultural que determinó la expulsión, censura y persecusión de cientos de intelectuales en los años 70 y 80. El Secretariado de la UNEAC ha querido dar por zanjada la situación con su declaración publicada en el diario Granma el 18 de enero y que algunos incluso (Zenaida Romeu), han calificado de "enunciado-carta-dictamen-decreto". Pero ahora es la propia actuación de la institución el blanco de las críticas.

Mi primera entrevista a Amir tuvo lugar hace muy pocas semanas, pero ahora, asombrado por la explosión crítica en reacción a la reaparición de los censores culturales -o "comisarios políticos" como les han llamado algunos-, recuerdo que le envié un correo hablándole, tímidamente, de la necesidad o posibilidad de una segunda entrevista y temiendo la rechazara por la proximidad en tiempo de la anterior. Su respuesta fue rápida y tajante: "¿Tienes que preguntar si estoy dispuesto cuando tú mismo dices que es el momento oportuno?" Así comenzó esta nueva entrevista...

Pregunta: ¿Terminará aquí la ola de protestas o serán los nuevos cuestionamientos el inicio de ese debate amplio a que tú has llamado? ¿Podrías ahondar más acerca de esto último?

Respuesta: "Me veo obligado a reconocer algo: la intelectualidad cubana ha sido burlada y, aún peor, muchos de quienes pudieron ser protagonistas de un rescate de la perdida Cultura del Debate, se han hecho eco de quienes, desde el poder cultural-político (y nótese que uno estas categorías), nuevamente nos dividen en intelectuales "revolucionarios" e intelectuales con "agenda anexionista". Otra vez se acude al burdo y gastado esquema de poner al pensamiento contrario, al pensamiento distinto, en la orilla enemiga del conflicto político Cuba-Estados Unidos. Visto desde esa perspectiva, muchos intelectuales como yo, a quienes nadie nos paga lo que pensamos, ahora resultamos "anexionistas". Es un bochorno. Y el mayor bochorno es que muchos de esos intelectuales que encabezaron esta protesta ética se hayan dejado empujar por ese mismo camino de la limitación del pensamiento distinto.

A esa estrategia bochornosa de querer denigrar del otro, atacando el pensamiento distinto y cerrando el diálogo mediante esquemas manidos y propios del sistema autoritario que se ha impuesto en Cuba en todos estos años, se suma la desinformación hacia el propio sector intelectual, y hacia el resto de la población. ¿De qué debate puede hablarse si, por sólo citar dos ejemplos, el narrador Andrés Casanova, en Las Tunas y el narrador y dramaturgo Atilio Caballero, en Cienfuegos, se enteraron de este debate hace apenas unos días? ¿De qué debate puede hablarse cuando en provincias muchos intelectuales saben que "algo pasó en La Habana", pero ni la AHS ni la UNEAC en esos territorios les han explicado, como debiera ser, qué revuelo está sucediendo en La Habana y todo lo que ello significa para la historia cultural de la isla? ¿De qué debate estamos hablando si los mismos intelectuales que lo provocaron empezaron a parcelar y continúan empleando los usuales "interior" y "exterior", "cubanos" y "exiliados", "revolucionarios", "no revolucionarios", que ellos mismos hasta hoy han criticado cuando esas parcelaciones han sido utilizadas por los políticos? En un mensaje de un muy joven intelectual leí que si a Pavón y Serguera les habían dado los micrófonos y las cámaras de la televisión cubana, abiertos para todo el pueblo, ¿qué impedía ahora que se hiciera lo mismo con el ciclo de conferencias de la Casa de las Américas? Tiene toda la razón, pero ya eso yo lo había vaticinado en mis "Reflexiones para espantar el miedo". Aún más fundamental, ¿de qué debate estamos hablando si el pueblo, que también (o quizás más) ha sufrido el Pavonato mencionado y otros Pavonatos que continúan hoy, ni siquiera se ha enterado de que, por primera vez en la historia del país, se ha producido una conmoción intelectual de esa envergadura? ¿De qué debate hablamos si, en momentos de definición como este que vivimos, se le mostró la imagen heroica de Serguera y Pavón y ahora se le niega la posibilidad de saber por los propios protagonistas que sufrieron a esos dos, lo sucedido en otras épocas? Nuevamente asistimos a un proceso claro de limpieza de la historia, ese mismo proceso que se aplica en las escuelas mediante el esquema citado al inicio de esta respuesta: "revolucionarios buenos y perfectos vs traidores malos y perversos".

Por suerte, esta ola de protestas no terminará. Quiéranlo o no esos que ahora nos denigran llamándonos "anexionistas" ya se ha abierto una ventana y el diálogo continuará silencioso, creciendo como esas enredaderas que llegan a cubrir los viejos muros, y me place decir que, por muchas razones evidentes en el intercambio masivo de mensajes, y por muchas posiciones débiles y hasta egoístas asumidas por algunos, los protagonistas no serán esas glorias de la cultura nacional que se han mencionado mucho en estos días... serán esos jóvenes que han sufrido y sufren un Pavonato extendido hasta hoy, esos jóvenes que empiezan a decir con honestidad y sin miedo lo que piensan".

Pregunta: Algunos consideran la intervención de Francis Sánchez una de las más acertadas de los intelectuales dentro de la isla, y tu artículo en Cubanálisis, Reflexiones para espantar el miedo, está entre lo más equilibrado, pero completo, que se ha expresado desde el exterior. ¿Compartes los criterios expresados por Francis?

Respuesta: "Conozco hace muchos años a Francis y sé que lleva bastante tiempo diciendo cosas como ésas sin que nadie le haga caso. En una entrevista dije que en Cuba, aunque algunos extremistas no lo entiendan, existen intelectuales que han mantenido un pensamiento crítico y un discurso distinto al oficial, sufriendo por ello muchas represiones, silenciosas o abiertas. Pero también dije algo que ahora vuelve a suceder: todo está estructurado para silenciar, con mecanismos burocráticos y otras formas peores, cualquier pensamiento no conveniente. En el caso de los intelectuales y artistas esa estrategia de silenciamiento es mucho más precisa. Te pongo dos ejemplos que tienen que ver con la discusión que ahora está en la palestra: el primero es que en todos los Congresos de la UNEAC, Plenarias de las Asociaciones de la UNEAC y Congresos de la AHS, se ha criticado la mediocridad, los mecanismos de control de información establecidos por un organismo como el ICRT y la terrible contribución de este medio a la banalización del gusto popular, entre otras cosas y "errores", mediante una programación que recoge lo peor que se hace en TV a nivel internacional. ¿Qué ha pasado? Nada. Se sigue idiotizando a la gente a pesar de todas las críticas, de todas las sugerencias hechas por los intelectuales a la Radio y la Televisión Cubana, y a pesar de todos los compromisos, todas las falsas autocríticas y todos los "mea culpa" que hemos escuchado de parte de los dirigentes políticos responsables de controlar a esa institución, y de parte de los responsables directos de llevar a cabo las estrategias de programación. El segundo ejemplo, también directamente relacionado con la Televisión, es aquel justo reclamo de un grupo de artistas negros que dieron pruebas de la presencia de un pensamiento racista en la estrategia de producción de la televisión cubana. Ese reclamo ha estado en todos los debates de los últimos diez años. ¿Se ha resuelto?

En simples palabras, hables lo que hables, si no es algo conveniente al criterio de la "Política Cultural de la Revolución" y de la Revolución misma, tus palabras caerán en saco vacío y ni siquiera encontrarán un trillo escondido para llegar a ese pueblo del que eres parte.

Francis apunta tres problemáticas que me parecen esenciales: una, el divorcio del intelectual con la problemática cotidiana de su país y de su gente y la pérdida de su protagonismo en nuestra historia (que ya yo había apuntado en el trabajo que mencionas y en mis dos primeros mensajes del debate); dos, la repetición del carácter habanocentrista del debate que excluye a los Pavonatos que jamás han desaparecido en las provincias, y tres, la falta de solidaridad de los intelectuales ante los "errores" cometidos en los últimos años contra muchos intelectuales que no vivieron aquellas décadas por simples razones de edad.

Bajo el criterio de la Declaración de la UNEAC, los escritores Ena Lucía Portela, Francis Sánchez, Jorge Luis Arzola, Osvaldo Antonio Ramírez, el muy joven narrador Arturo González Dorado, el cineasta Alejandro Moya y hasta Reina María Rodríguez, tienen agendas anexionistas porque han manifestado un pensamiento digno, independiente y muy crítico en estos intercambios. ¿Hasta dónde van a llevar el irrespeto quienes hoy presiden la UNEAC? Esto que está sucediendo y esta Declaración justamente recuerda que otro "anexionista pagado por la CIA", Antonio José Ponte tenía toda la razón cuando cuestionó públicamente, y en una Plenaria de Escritores (es decir, donde debió hacerlo) el supuesto carácter de Organización No Gubernamental de la UNEAC. Sus palabras le valieron la "desactivación", a pesar de la oposición expresa a esa medida por parte de un grupo de intelectuales consultados, entre ellos el Premio Nacional de Literatura Cintio Vitier. Esto demuestra, otra vez, que la UNEAC es un instrumento político más y que está al servicio de quienes detentan el poder en Cuba, no al servicio de los escritores y artistas cubanos".

Actualmente los intelectuales cubanos se dividen en grupos antagónicos a uno y otro lado del espectro político. Tanto los que han "desertado" -como se dice en términos oficiales- de la política cultural impuesta durante décadas, en su mayoría fuera de la isla, como los que defienden a ultranza el modelo político y social implantado en 1959, se tratan como enemigos, separados por la cambiante política. Un tercer grupo rechaza la política en un entorno donde aquella ha desprestigiado los valores clásicos, como la utilidad social o los símbolos patrios. En estos tiempos de éxodo y dispersión la voz de Amir Valle adquiere una connotación especial por su mesura, alejada de extremos demenciales y asentada en valores éticos incuestionables.

Pregunta: Citas a Guillermo Vidal -con ese cubanísimo "Caballeros, si nos dividen, nos joden"- cuando llamas a la unidad, pero... ¿No está ya dividida la intelectualidad cubana? ¿Podemos hablar de unidad leyendo los criterios de Alfredo Guevara y Manuel Vázquez Portal, de Desiderio Navarro y Jorge Luis Arzola? ¿No rechazan Arturo Arango et al la intervención de los de afuera en la polémica?

Respuesta: "Es cierto lo que dices, pero creo que debemos aclarar el concepto. Es saludable que la intelectualidad de cualquier parte del mundo esté dividida por sus criterios. Ello establece el justo terreno de la pluralidad de opiniones y sienta las bases para el diálogo. Que existan las opiniones encontradas de esos escritores que mencionas, y otras muchas opiniones incluso rabiosas y oportunistas, es saludable aunque se piense lo contrario de acuerdo al mecanismo de exclusión y unanimidad forzada que en Cuba se le ha impuesto al diálogo cultural y político; mecanismo de exclusión y unanimidad que, por cierto, también existe en buena parte del exilio intelectual cubano. Cuando nuestro querido Guillermo Vidal mencionaba esa frase, se refería a algo más elevado: a pesar de nuestros criterios divididos, no podemos estar divididos nosotros mismos.

Hay muchas razones que no pueden olvidarse y que, de algún modo, complejizan este asunto de la necesaria unidad ante la nación: en el exilio no sólo están las víctimas del Pavonato, también hay muchos de los verdugos; y hay quienes fueron víctimas del también gris período del Aldanismo junto a ciertos cancerberos de Carlos Aldana... hay de todo en esas otras tierras, como también quienes fueron víctimas en otras épocas de represión política e intelectual, de pronto hoy se convierten en verdugos o en cómplices de los verdugos de otros allá en la isla. Es muy complejo. Hay muchos odios personales, muchas frustraciones personales, muchas rabias. Me llamó la atención un trabajo muy serio escrito desde Alemania por el traductor y editor Jorge Pomar. Allí decía que incluso Pavón tenía derecho a rectificar, a opinar. Y tiene razón. La historia de nuestra cultura está llena de esos ejemplos de grandes intelectuales y artistas que fueron protagonistas directos o indirectos de la represión y un día descubrieron que los habían engañado, que la fiebre revolucionaria de los primeros tiempos los había cegado o que su propia egolatría no controlada les había tendido una trampa convirtiéndolos en máquinas de represión de sus colegas. Todos ellos tienen derecho a rectificar e, incluso, a perseverar en sus actos. Pero para entender que todos tenemos derecho de acuerdo a la responsabilidad que asumimos como ciudadanos pensantes al ejercer como intelectuales, hay que despojarse de los egoísmos de élite, de la arrogancia y hasta de las heridas, si es que realmente queremos establecer un diálogo abierto, plural y sin limitaciones.

La división que he visto en estos días es muy peligrosa porque responde (claramente, no hay ni siquiera que esforzarse buscando entre líneas) a un predominio de los intereses individuales por encima de los intereses de nuestra responsabilidad ante la nación. Es puro egoísmo. Pura defensa a toda costa de los espacios ganados. Pura conveniencia y, no puede dejarse de lado, en algunos casos es puro terror a lo que pudiera pasar si alguien decide parar esta rebelión intelectual que no había ocurrido jamás en Cuba. Puedo decirte que conozco de muy cerca a muchos de esos que han estado en el debate y me he asombrado de ver cómo lo que dicen no coincide con nada de lo que me han dicho a mí y a muchos otros amigos y colegas en momentos de conversación sincera. Pero el miedo es, también, un derecho. Lo que más me molesta es ver a intelectuales de altísimo nivel, que pudieran ser líderes de opinión de sus grupos y del pueblo mismo, asumiendo egoísmos que nos dividen y perdiendo, otra vez, ese protagonismo que les arrebataron en aquellos "años grises". Por ejemplo, ninguno de los que empezaron el debate se ha manifestado, como debieran haberlo hecho, en contra de esa muy conveniente etiqueta de "anexionistas"que lanza la Declaración de la UNEAC. Creo recordar un solo mensaje que se opone a ese criterio.

Para cerrar esta pregunta te diría: sí, estamos divididos, pero por nuestros egoísmos y por andar defendiendo nuestras capillas íntimas. Las otras divisiones son necesarias y objetivas. Y estar divididos poniendo nuestro egoísmo por encima de nuestra responsabilidad social es vergonzoso".

Conocí a Amir Valle como la mayoría de los que le admiran: a través de sus libros; luego tuve un referencia visual cuando el ya reconocido narrador y periodista formara parte del seminario de técnicas narrativas ofrecido por la televisión. Durante años seguí su labor periodística y literaria dentro de las precarias condiciones en que esto puede hacerse en Cuba. Habana-Babilonia o Prostitutas en Cuba es una obra imprescindible en la literatura cubana actual. Todavía recuerdo -y siempre insisto en ello, porque lo viví- el impacto que por primera vez, bajo la dictadura de esa "política cultural de la Revolución" que él menciona, tuvo un libro prohibido pero que se convirtió en todo un best-seller clandestino.

Pregunta: Has escrito: Soy un escritor cubano: esa es mi cruz. ¿Es también el miedo, ese miedo que intentas exorcizar, una cruz para el escritor cubano? Hay pocos con más autoridad que tú para hablar de la UNEAC y los complejos mecanismos que teóricamente engloban la cultura en la isla.

Respuesta: "Cuba es una sociedad del miedo. Es una sociedad absolutamente preparada para que tu vida dependa hasta en lo más mínimo de mecanismos controlados por un burdo esquema de poder que te saca del juego, te aniquila o te destierra, si no sigues con fidelidad la política de la Revolución. En Cuba todo el mundo tiene miedo. Hasta quienes hoy detentan el poder tienen ese miedo. Y es natural, porque en una sociedad inestable, el miedo a sufrir los debates de esa inestabilidad es una presencia cotidiana. Ya una vez dije que a los escritores cubanos de la isla le han metido en la cabeza que el mundo se les acabaría si no publican allá; les han hecho ver que esa inmensa y valiosa contribución del exilio a nuestra literatura no tiene los valores de lo que se hace en la isla. Y basta que uno se meta en una Universidad donde haya una cátedra de estudios hispanoamericanos para descubrir cuánto te han engañado. A uno de esos funcionarios a quienes, de pronto, comenzaron a enviársele los mensajes que al inicio fueron solamente entre escritores, le oí decir en una feria del libro en La Habana que a Abilio Estévez le sucedería lo mismo que a Cabrera Infante, es decir, que dejaría de ser un escritor cubano para convertirse en un escritor español, igual que Cabrera Infante dejó de ser escritor cubano para convertirse en un escritor inglés. Llegó a decir que, incluso, hasta escribía sus obras en ingles, refiriéndose a Holly Smoke. ¿Se imaginan tal disparate? Y la anécdota sucedió justamente cuando alguien habló maravillas de la novela Los palacios distantes, de Abilio Estévez. Todavía suele escucharse a ciertos de esos funcionarios alabando la pureza de la literatura cubana que, aseguran, no se ha contaminado con el mercantilismo del resto de la literatura que se escribe en la lengua. Eso es un insulto a la intelectualidad que escribe hoy obras imprescindibles en nuestra lengua. Lo triste es que muchos jóvenes escritores se han creído esas patrañas, aunque por suerte cada vez son más los que despiertan a la realidad.

Pero son miedos insuflados por mecanismos bien aceitados, además de esos otros miedos que te atacan aunque no quieras cuando dices algo "no conveniente" y recibes la visita de un par de individuos que de modo muy amable intentan convencerte de "no caer en las trampas del enemigo del país"; o cuando cierta frase o cuento o personaje de uno de tus libros es "algo dura" y ves que el tiempo de la publicación se alarga y se alarga y, muchas veces, no llega, hasta que no decides quitar la frase; o cuando no apareces en los listados oficiales de personas invitadas a eventos, conferencias, y demás; o cuando trabajas en una institución y por ser amigo de alguien "conflictivo" te llaman tus jefes y condicionan la permanencia en tu trabaja a la ruptura de esa "amistad perniciosa"; para sólo hablar de esos miedos con los cuales tienes que vivir, como una camisa de fuerza, si no te pliegas o te callas tu pensar distinto.

Como tú bien dices, desde hace varios años en Cuba, llevo acudiendo a las instituciones para defender mis derechos violados. Mis últimos años fueron un rosario de arbitrariedades que tuve que sufrir, simplemente por decir cosas distintas, molestas, por tener un criterio contrario al oficial. Y lo repito, como lo repetí muchas veces allá, jamás podrán decir que me pagaban por hacer y decir lo que pensaba y lo que dije. Como tampoco ahora nadie me paga para que diga lo que estoy diciendo. Y para que ninguno de ellos dijera que salté por encima de sus responsabilidades, me dirigí a todos los que hoy dirigen la cultura en mi país, les escribí cartas, les pedí respuestas a sus artimañas en mi contra. Jamás me dieron una disculpa, una respuesta. Incluso cuando apelé a un modo muy simple: la conversación esclarecedora con esos funcionarios, pero bajando al nivel de los seres humanos que somos, entre amigos o colegas, conversación que por supuesto jamás se dio. El único que me respondió dos veces fue el Presidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC. En los dos casos me dijo que mis problemas terminarían, pero nunca me dio una razón de peso y tampoco terminaron los problemas.

Por eso me dio mucha gracia cuando en un intercambio de mensajes alguien dijo que yo empujaba sin darme golpes porque estaba en Berlín. Yo tuve mucho miedo en Cuba, es cierto, porque fui uno de los pocos intelectuales que mantuve mi respeto y amistad hacia la posición política asumida por Raúl Rivero, Manuel Vázquez Portal, Dagoberto Valdés o Rafael Alcides, para sólo mencionar a algunos, y a través de lo sucedido a ellos mis ojos se abrieron a una dura realidad de represión hacia el pensamiento y la libre difusión de las ideas que va más allá del esquema simplón de si te pagan o no por lo que dices. Pero quizás por esa mezcla de tozudez canaria y por que jamás he sido de los que bajan la cabeza cuando los humillan, levanté los ojos y seguí andando, solo, igual que ando hoy, solo con mis ideas que, repito, nadie financia".

Los que salimos de Cuba, acostumbrados al no tiempo de una isla detenida en el transcurrir de la historia, donde los diarios tienen siempre los mismos titulares, las novedades no existen, las sorpresas menos y las diversiones son escasas, nos cuesta trabajo adaptarnos al trepidante e intenso ritmo de la vida moderna en los países que nos acogen. Y Amir no es una excepción en ello -en esa necesidad de readaptación-, pero sí en su tremenda capacidad de asimilación: no cesa de sorprender cómo escribe cada día, cómo puede elaborar un texto y otro, una crónica testimonial, par de entrevistas, decenas de correos y artículos y opiniones. Y encima estudiar alemán, trabajar en la próxima novela y cumplir con las obligaciones impuestas por la beca que le ha sido concedida.

La honestidad de sus enfoques es la piedra angular que le ha hecho merecer la aprobación de miles de lectores en todo el mundo. Discutible, por terrible y remecedor fue su testimonial Habana-Babilonia, pero por encima de discrepancias y aprobaciones o desaprobaciones nadie ha podido negar desde entonces su valentía y honestidad. Tampoco hoy le duelen prendas cuando admite por ejemplo, sus equivocaciones pero no reniega, como muchos pretenden cuando salen de la cárcel-isla, de su pasado. Sin compromisos políticos, sin ataduras de ninguna índole, Amir es hoy una de esas voces preclaras de la nueva intelectualidad cubana, aquella que va sobrepasando a los que no pudimos o no supimos cargar el legado social de un Martí, o un Mañach o un -matancero, más cercano- Regino Pedroso. No le duelen prendas cuando dice que esperaba otra cosa de esta polémica.

Amir Valle se encuentra ahora mismo en Alemania. Allí ha logrado reunir su familia, sorteando todos los escollos impuestos por las autoridades cubanas, y establecer un decoroso espacio de existencia y trabajo, como merece todo ser humano pero como millones de cubanos no tienen a causa de un experimento social fracasado. Desde allí defiende hoy la dignidad de muchos cubanos cuando reclama su derecho a regresar expeditamente cuando lo considere oportuno, derecho que ningún otro país en el mundo niega a sus naturales, pero que el gobierno cubano se permite utilizar como instrumento político. Como a todo emigrante le golpea, como canta Willy Chirino, "la maroma de sobrevivir lejos de su idioma, sus costumbres y su identidad", pero desde Berlín sostiene un fluido intercambio de correos y comunicaciones con sus antiguos compañeros en la isla, con sus amigos, con muchos intelectuales cubanos en general y con su público que le exhorta a no defraudarlos. Atento a todo lo que ocurre dentro de la isla, es un referente esencial a la hora de deslindar excesos y ubicar en su justo contexto cada señal -como siempre tan confusa y plagada de espejismos, provocaciones y maniobras oficiales-, que procede de allá. Porque Amir Valle, en medio de estos tiempos -ojalá que no apocalípticos en lo que a Cuba se refiere-, es de los verdaderos poetas-profetas ("Yo empecé escribiendo poesía y aún la escribo, pero respeto tanto la poesía que jamás he dado nada a nadie para que lo lea o publique", ha dicho) que aún creen en "el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud".

Pregunta: ¿Qué piensas acerca de la renuncia de Carlos Martí a la presidencia de la UNEAC y los nombres de los sustitutos que se barajan? ¿Traerá esto algún cambio en las aplicaciones prácticas de la política cultural aplicada por el Gobierno?

Respuesta: "Es ingenuo pensar que un cambio de persona, en los momentos actuales, cambiará algo. Me sonó demasiado superficial el reclamo de algunos intelectuales cuando pidieron a las autoridades culturales averiguar lo sucedido. ¿Quiénes son esas autoridades? Abel Prieto y Carlos Martí. Mírese la historia de ambos y se va a saber que si alguien puede responder, directamente y sin necesidad de consultar, cualquier cosa relacionada con el vínculo entre la alta política y la cultura, ésos son ellos dos. Me resulta demasiado ingenuo que olvidemos que Abel Prieto es miembro del Buró Político, es decir, pertenece directamente a la cúpula que gobierna hoy el país. Para no ser injustos, debemos reconocer que es posible que se le escapen algunas cosas, que le den gato por liebre en algunos asuntos en los que debiera tener participación, porque es una ficha puesta allí con toda intención y jamás ha tenido el poder que tienen otras figuras históricas y nada históricas. Pero tampoco podemos olvidar, por ejemplo, que aquel Abel Prieto que empezó en el Ministerio de Cultura abriendo muchas puertas entonces cerradas, nada tiene que ver con este de ahora que se pliega a la intolerancia y asume jugadas que sólo convienen a su legitimación personal dentro de la estructura del poder político. Creo, y lo conversaba con algunos intelectuales del exilio que los conocen muy bien, que si tuvieran un poco de vergüenza hace mucho rato hubieran renunciado a sus puestos porque los han convertido en títeres represores de la intelectualidad y les han echado un lodo pestilente sobre sus carreras literarias. Ya las posturas intolerantes y las mentiras de Abel no se pueden esconder ni siquiera detrás de su aparente afabilidad y su alto sentido del humor.

Me consta que Carlos Martí ha estado enfermo y que lleva años pidiendo su liberación. No sé las razones por las cuáles no le han dado esa liberación, pero lo cierto es que cualquiera de los sustitutos que se barajan vendrán a dar continuidad a lo hecho por él en la UNEAC. Ninguna es una figura de suficiente carisma y, esencialmente, ninguno tiene el poder y las relaciones con el poder que ha tenido Carlos Martí, como para esperar cambios que mejoren algo lo que hoy sucede".

Conversando con alguien que recientemente asistió a varias actividades en la sede de la UNEAC y estuvo entre los círculos intelectuales de La Habana, me decía que allí no se puede ni mencionar a Amir, que "lo tienen totalmente prohibido". Pocos allí, apenas los amigos en los que el miedo, incluso, hace sus estragos, conocerán su más reciente obra investigativa, Las sucias claves del poder, o de la obtención del Premio Vargas Llosa de Novela por parte del escritor, o de la próxima publicación de esa novela -Las palabras y los muertos- por la editorial española Seix Barral. Porque, como dice Amir, "uno de los mecanismos que tienen allá es ese: el de invisibilizar a quienes se les oponen, y creo que los que sabemos que usan ese método tenemos el deber de tratar de romperlo con nuestros pocos medios". En su cubierta escribe José Manuel Martín Medem: "Amir Valle, después de escuchar a Fidel Castro durante tanto tiempo, se rebela, nos cuenta lo que la Isla susurraba, y escribe la primera 'Novela de la Revolución'".

Pregunta: Personas que recientemente visitaron La Habana y compartieron con algunos escritores y artistas comprobaron que tu nombre no se puede ni pronunciar, que estás tan prohibido como estuvieron en su momento Cabrera Infante o Reinaldo Arenas, ¿algún mensaje para aquellos que te censuran? ¿Algo que quieras decir para tus compañeros y para los que no han dejado de leerte?

Respuesta: "En esta semana he recibido varios mensajes, muy hermosos, de amigos que viven en la isla o que han ido a Cuba. Unos profesores universitarios europeos fueron a un evento en Cuba y encontraron eso que dices; un par de amigos escritores latinoamericanos viajaron a otro evento de nivel y un funcionario les recomendó directamente no decir que eran mis amigos; y varios escritores y periodistas de la isla me han dicho que pronunciar mi nombre es casi mencionar al diablo. A un muy joven escritor de provincias, que me enviaba sus obras para que yo las revisara, el director municipal de cultura de su localidad acaba de llamarlo para decirle que si quiere llegar a ser algo deje de mencionarme como su maestro. ¿Qué decir? Debo agradecerlo. Recuerdo que cuando quisieron prohibir la circulación clandestina de Habana Babilonia o Prostitutas en Cuba, me convertí en el escritor más buscado por los lectores. Mis libros desaparecieron de las bibliotecas, no porque los retiraran sino porque los lectores se los robaban. Fue alucinante. Les duela o no a quienes me han censurado, ya no pueden hacer nada contra un público que me sigue y al cual encuentro siempre la forma de hacerle llegar mis libros, mis entrevistas y hasta la más mínima de mis palabras, porque ellos me lo han pedido así. Asumiendo ahora esta postura incitan al mito, cosa que no me gusta pero alimenta un poco mi ego. Llevo tiempo pidiéndole a mi Dios la humildad que no tengo porque sigo recibiendo mensajes, cada día, de lectores que siguen mis pasos, o que me descubren y están fascinados. Eso me ayuda a escribir, me hace sentir responsable y vencedor. De modo que a esos que me siguen, de todo corazón, debo darles las gracias por su fidelidad y, en muchos casos, por los riesgos que corren para poder leerme, entre otros, imprimiendo mis obras a escondidas de sus jefes. En la única presentación oficial que pude hacer en Cuba hace ya varios años, ante una multitud que se aglomeró para oírme, se empujó para comprar mi novela, y me tuvo una hora y media firmando ejemplares, dije que dedicaba el libro ´a Cristo, que lucha y vence por mí todas las batallas, porque ÉL me lo hizo saber así en su Salmo 27: Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado´. Por eso, me río de quienes antes quisieron convertir en fantasmas a Cabrera Infante y a Reinaldo Arenas, y les doy las gracias porque, con esa estúpida prohibición, han hecho una enorme contribución a la difusión de la obra de esos maestros y ojalá mi obra se difunda ahora de ese modo tan alucinante".

Acostumbrado al encumbramiento de aquellos escritores y artistas que los menos afortunados llamamos "vacas sagradas", nunca deja de sorprenderme la naturalidad conque Amir Valle responde un correo o da su opinión acerca de una obra sometida a su consideración, luego de leerla -dedicándole su tiempo- como si fuera un clásico de la literatura. Anteriormente, en otro correo me había confesado: "Nadie le cuestiona a las revistas de izquierda, y a la política cultural de la Revolución que hayan convertido la cultura en una subplataforma política. Sin embargo, cuando un intelectual, haciendo uso de su pensamiento independiente, quiere opinar políticamente, enseguida sacan el argumento: ´veo demasiado uso de política en tu discurso´". Por cuestionamientos tan válidos como este, Amir Valle es hoy uno de los tantos proscriptos que ha producido una "revolución" tan vieja que ya no puede legitimarse ni semánticamente.

Pregunta: A los que no han participado en la polémica (los más), porque no les interesa, porque encuentran más apremiantes otros cuestionamientos o simplemente porque no tienen medios de expresión a su alcance... ¿qué les dirías?

Respuesta: "Quiero decirles a quienes no han participado en la polémica que es hora ya de que asumamos nuestro papel y no dejemos que los políticos hagan y deshagan a su antojo por nuestra abulia. Muchas de las posturas asumidas por intelectuales honestos en este debate serán reprimidas de diversos modos, con mayor ensañamiento en las provincias, y solamente podrá impedirlo la unidad y la participación de todos, bajo el credo de que TODOS debemos aportar a este diálogo que implica a la nación, justamente con la variedad de nuestros criterios, con la amplia andanada de nuestras opiniones distintas, plurales. No podemos dejar que el actual escenario de la cultura retorne al monólogo o al diálogo de sordos en el cual estuvo envuelto, y de ello somos responsables los intelectuales cubanos estemos donde estemos, sean cuales sean nuestras heridas o nuestros miedos. Incluso aquellos que no quieran participar, es otro de los derechos que deben respetarse, tienen el deber de escuchar con la mente abierta y el alma libre de odios y rabias, concediendo a los que estén dispuestos a dialogar el derecho a ser escuchados".

Ahora vamos a hacer lo posible para que el debate continúe, por difundir esta entrevista con las claves para un verdadero debate, frente a las claves del poder que pretenden silenciarlo...

Reynaldo Gonzales

 

Reacción de Reynaldo Gonzalez sobre el asunto - Pavón en Televisón.

Cualquiera diría que al refrescar la imagen nada constructiva de Luis Pavón se trata de una reivindicación de sus ímprobas bondades. No creo que sea pura coincidencia. Existe una tendencia en pensar que las víctimas de un atropello --en este caso un error histórico, aunque la palabra se haya banalizado-- aumentan el crimen padecido. Se ve así desde los que cometieron el crimen y desde el silencio de indolentes acunados en sus posiciones. Ocurre con el holocausto de los hebreos por el nazismo. Al homenajear al culpable --directo o instrumentalizado-- de un error enorme, de los que no se curan con timonazos, se está sancionando favorablemente sus hechos, su culpa. La televisión y sus responsables --los que residen en L y 23 y los distantes-- han dado un paso alevoso, despectivo hacia el padecimiento de los protagonistas de la cultura cubana que fueron sumergidos en el desprecio y condenados al ostracismo en un período cuyas torceduras todavía no se han curado. Se silencia la voz de los ofendidos y se le devuelve la voz a la cara mostrable de los hechos. Su reivindicación es nuestro escarnecimiento. Tienes razón, Jorge Ángel, en todo eso hay algo más que torpeza e insensibilidad, o inadvertencia. ¿Demoraremos en ver a Carlos Aldana nuevamente dictando "orientaciones" a "las partes blandas de la sociedad"? ¿Vuelven "los duros"? ¿Cuántos creadores de verdad, que aportan a la cultura cubana, no han sido reconocidos todavía por la televisión mientras reciclan sus "protagonistas", sacados de un troquel tiránico, siempre agazapados a la espera del turno del revanchismo? ¿Es la televisión un ente aparte de la cultura cubana?

Te autorizo a utilizar estas opiniones, Reynaldo González

Wilfredo Cancio Isla

Ira por la reaparición de censores culturales
WILFREDO CANCIO ISLA

La inesperada reaparición pública de ex funcionarios
cubanos vinculados a purgas en el sector cultural de
los años 60 y 70, ha desatado la ira de intelectuales
y artistas dentro de la isla.

Las reacciones que circulan en la internet desde
comienzos de año incluyen a varios ganadores del
Premio Nacional de Literatura, y reclaman una
respuesta urgente de las autoridades gubernamentales
ante el ''error político'' que presupone una
reivindicación del oscuro pasado estalinista.

La controversia surgió luego de la presentación de
Luis Pavón Tamayo, ex presidente del Consejo Nacional
de Cultura (CNC), en el programa Impronta del canal
Cubavisión, el pasado 7 de enero. Pavón se identifica
como el ejecutor de la política cultural que marginó y
censuró a cientos de escritores y artistas cubanos a
comienzos de los años 70.

El programa televisivo --dedicado a quienes han dejado
una huella en la cultura cubana-- exaltó la figura de
Pavón, mostrando medallas y fotos suyas junto a altos
dirigentes del país.

''Allí estaba, vestido de blanco, el gran parametrador
de importantes artistas'', escribió en una carta el
escritor Antón Arrufat sobre el programa donde
apareció Pavón. ``El que los persiguió y expulsó de
sus trabajos, el que los llevó ante los tribunales
laborales, los despojó de sus salarios y de sus
puestos, quien los condenó al ostracismo y al
vilipendio social''.

Arrufat es partidario de que la Unión de Artistas y
Escritores de Cuba (UNEAC) pida a la dirigencia del
Instituto Cubano de Radio y TV (ICRT) una disculpa
pública por lo acontecido.

Al frente del ICRT se encuentra el teniente coronel
Ernesto López, ex director de los Estudios Fílmicos de
las Fuerzas Armadas (FAR) y hombre de la total
confianza del general Raúl Castro, gobernante interino
desde el pasado 31 de julio.

''La Televisión y sus responsables ... han dado un
paso alevoso, despectivo hacia el padecimiento de los
protagonistas de la cultura cubana que fueron
sumergidos en el desprecio y condenados al ostracismo
en un período cuyas torceduras todavía no se han
curado'', consideró el novelista y ensayista Reynaldo
González.

En la lista de mensajes de respaldo aparecen también
Miguel Barnet, Desiderio Navarro, Arturo Arango,
Enrique Pineda Barnet, Jorge Angel Pérez, Senel Paz y
Sigfredo Ariel.

El caso Pavón es el colofón de otros incidentes
relacionados con figuras y acontecimientos del llamado
''quinquenio gris'' de la cultura cubana (1970-1975).

El 13 de diciembre apareció como entrevistado en el
programa nocturno La diferencia, el comandante Jorge
Serguera, ex fiscal de los juicios revolucionarios que
determinaron la condena a muerte de decenas de
opositores al régimen de Fidel Castro, a inicios de
los 60.

Partidario del ''arte comprometido'', Serguera fue
luego presidente del Instituto Cubano de Radiodifusión
(antecedente del ICRT) y eliminó el espacio televisivo
del entonces joven trovador Silvio Rodríguez, en 1967.

Meses atrás en el programa Diálogo Abierto, del Canal
2, había sido entrevistado Armando Quesada, un
subordinado de Pavón que se encargó en aquellos años
de ''purificar'' el movimiento teatral cubano.

Ayer trascendió extraoficialmente que un grupo de
intelectuales fueron convocados a plantear sus
preocupaciones en una reunión con el Ministro de
Cultura, Abel Prieto, y la dirección de la UNEAC.

La controversia tiene lugar pocas semanas después de
que fuera aceptada la renuncia de Carlos Martí como
presidente de la UNEAC. Al parecer Martí renunció por
problemas personales, pero fue repuesto al no hallarse
un sustituto inmediato.

Entre los candidatos para sustituirlo aparecen el
actual director de la Biblioteca Nacional, Eliades
Acosta, considerado un hombre de ''línea dura''; Omar
González, presidente del Insitituto de Cine (ICAIC); y
Fernando Rojas, presidente del Consejo Nacional de
Casas de Cultura.

 
publicado por El Nuevo Herald

29 ene 07

 
----- Original Message -----

Sent: Monday, January 29, 2007 5:39 PM
Subject: RE: Fw:

La cita del día

"Pero hay que tener un criterio preciso acerca de las prioridades de nuestro Instituto del Libro. Y ese criterio se puede resumir con estas palabras: en los libros que se impriman en el Instituto del Libro, la primera prioridad la deben tener los libros para la educación (APLAUSOS), la segunda prioridad la deben tener los libros para la educación (APLAUSOS), ¡y la tercera prioridad la deben tener los libros para la educación! (APLAUSOS.)
Eso está más que claro. A veces se han impreso determinados libros. El número no importa. Por cuestión de principio, hay algunos libros de los cuales no se debe publicar ni un ejemplar, ni un capítulo, ni una página, ¡ni una letra! (APLAUSOS.)
Entonces
: "¡Qué problema, qué crisis, qué misterio, que no aparecen en los periódicos!" Es que, señores liberales burgueses, esas cuestiones son demasiado intrascendentes, demasiado basura para que ocupen la atención de nuestros trabajadores y las páginas de nuestros periódicos (APLAUSOS).
Nuestros problemas son otros, y ya aparecerán las historias, y ya aparecerán los problemillas en alguna revista literaria: más que suficiente. Y algún rato de ocio, de aburrimiento —si es que cabe— lo puede dedicar el público como un entretenimiento o como una ilustración útil a esas cuestiones que quieren a toda costa que las elevemos a la categoría de problemas importantes.(...)
Aquí se hablaba de la necesidad que tenemos de películas infantiles, de programas de televisión infantiles, de literatura infantil.
Y no Cuba, prácticamente el mundo está carente de eso. Pero, ¿cómo vamos a tener programas infantiles si surgen algunos escritores influidos por esas tendencias y entonces pretenden ganar nombre, no escribiendo algo útil para el país sino al servicio de las corrientes ideológicas imperialistas? Cómo han estado recibiendo premios esos señores, escritores de basura en muchas ocasiones. Porque independientemente de más o menos nivel técnico para escribir, más o menos imaginación, nosotros como revolucionarios valoramos las obras culturales en función de los valores que entrañen para el pueblo.(...)
Unas minorías privilegiadas escribiendo cuestiones de las cuales no se derivaba ninguna utilidad, expresiones de decadencia.
¡Ah!, pero en parte también porque aquí se han adoptado ciertos criterios. En los tiempos contemporáneos, ¿se considera intelectual a quién? Hay un grupito que ha monopolizado el título de intelectuales y de trabajadores intelectuales. Los científicos, los profesores, los maestros, los ingenieros, los técnicos, los investigadores, no, no son intelectuales. Ustedes no trabajan con la inteligencia. Según ese criterio los educadores no son intelectuales.
Pero también ha habido una cierta inhibición por parte de los verdaderos intelectuales, que han dejado en manos de un grupito de hechiceros los problemas de la cultura.
Esos son como los hechiceros de las tribus en las épocas primitivas, en que aquellos tenían tratos con Dios, con el Diablo también, y además curaban, conocían las hierbas que curaban, las recetas, las oraciones, las mímicas que curaban.
Y ese fenómeno todavía en medio de nuestro primitivismo se produce.
Un grupito de hechiceros que son los que conocen las artes y las mañas de la cultura y pretenden ser eso. "

Fragmentos del discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz en la clausura del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, efectuado en el teatro de la CTC el 30 de abril de 1971.

lunes, 5 de marzo de 2007

Pepito 5to B, TCP de Lengua Española


Pepito 5to B, TCP de Artes Plásticas


Pepito 5to B, TP Educación Artística


Pepito 5to B, CS de Historia


Pepito 5to B, TCS del Mundo en que Vivimos


dedeté no.11, 1986


Es del no. de 1986 por Ajubel.

Ajubel vive ahora en España.

"En una entrevista con periodistas le (a Fidel Castro) pregunté porque los extranjeros podían caricaturizarlo y nosotros no. Contestó <>. Aprovechamos la oportunidad, suponíamos estábamos autorizados y nos sentíamos con derecho, hasta lo firmamos como “el colectivo”, por que también se luchaba contra el individualismo.

Porque mano y pie izquierdos delante? Fue intencional. Es imposible marchar de esa forma, pero queríamos evitarnos las dobles lecturas de la mano derecha delante.

No tengo idea de donde pueda estar el original, se mandaban a fotomecánica y cuando los fuimos a recoger solo este faltaba. Ni preguntamos. Muchos no querían que la caricatura se publicara.

Fue una semana muy complicada"

Pepito 5to B, TP Educación Artística